Hijos para Siempre

Hijos para Siempre

"Vino al mismo mundo que él había creado, pero el mundo no lo reconoció. Vino a los de su propio pueblo, y hasta ellos lo rechazaron; pero a todos los que creyeron en él y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios".

(Juan 1: 10-12)

Aquí Juan relata cómo Jesús llegó a nuestro mundo con el propósito de restablecer el vínculo entre Dios y la humanidad. Inició este trabajo entre su propia gente, sin embargo, fue rechazado debido a la incredulidad sobre su divina misión.

Su anhelo por restablecer la relación que se había fracturado en el Edén se extiende hasta nosotros. Dios nos observaba vagar en la oscuridad, anhelando un propósito en nuestras vidas sin saber realmente qué buscábamos. Éramos como huérfanos, sin una guía clara, experimentando la tristeza de la soledad, acompañados solo por extraños en una situación similar. Pero...

Su voz, su dulce voz, inconfundible, rebosante de amor y misericordia, ¡pronunció tu nombre! En medio de tantos que deambulan ciegos, apresurados y distraídos, Él te llamó. Te amó desde el vientre de tu madre, cuando ni siquiera ella sabía de tu existencia. Su amor te envolvió, su mirada se posó en ti y dijo: "Tomaré tu lugar, pagaré el precio por tu vida desordenada a causa de tu pecado, y te llevaré a casa". ¡Cuánto le debemos!

Nunca olvidemos que nuestra existencia es efímera, un breve destello en este mundo en comparación con la eternidad inagotable. No debemos otorgar excesiva importancia a los problemas cotidianos que intentan abrumarnos. Él conoce nuestras necesidades, exprésaselas y permite que Él se encargue ya que seremos Hijos para Siempre.

No desperdiciemos ni un solo día sin recordar que nuestra vida, tanto la terrenal como la eterna, fue regalada por su amor para que no caminemos solos. Ahora somos parte de Su familia, con un lugar en Su mesa. Tenemos brazos que sanan y caricias que consuelan. Nadie puede arrebatarnos este hecho: somos Su familia. No permitas que se pierda el bello hábito de expresar gratitud.

"Dios, cada día me asombra el simple hecho de que me llames tu hijo. Sé que no soy digno, pero en tu infinito amor y misericordia, me has colocado por encima de los ángeles que te sirven. No quiero dejar pasar un solo día sin agradecerte por el privilegio de ser tu hijo". Hijos para Siempre.

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